miércoles, agosto 23, 2006

Colibrí festeja su 30 aniversario

El grupo cántabro de música andina, fundado en el año 1976, se reúne para ofrecer cinco conciertos en los próximos días

JESÚS SERRERA/SANTANDER
El Diario Montañés


Guitarras, bombo y flautas andinas. Colibrí nos invita a una fiesta para celebrar treinta años de pasión por la música de los Andes en cinco conciertos que se inician mañana, jueves.
Colibrí se fundó en 1976, casi en los primeros tiempos del 'boom' del folklore sudamericano que llegó a Europa, y a España, de la mano de muchos grupos y solistas que huían de la dictadura y la represión en el Cono Sur. Quilapayún, Inti-Illimani, Calchakis, Mercedes Sosa, Alfredo Zitarrosa...trajeron los ritmos del altiplano y de la pampa, el compromiso político y la memoria de Víctor Jara y de tantos otros muertos y desaparecidos. Hasta entonces, las únicas referencias del folklore del subcontinente eran unos pocos intérpretes tradicionales como Los Chalchaleros, Jorge Cafrune y José Larralde, y en menor grado de conocimiento popular, la Cantata de Santa María de Iquique y la Misa Criolla de Ariel Ramírez, Eduardo Falú y Los Fronterizos.
La música andina impactó de lleno en Paco, Julio, 'Zuro' y Rodolfo, amigos y compañeros en el Colegio Kostka desde los diez años, que se consolidan como grupo en la antigua Facultad de Peritos de Santander. Tiempos de aprendizaje y perfeccionamiento de los instrumentos andinos, tan complicados y tan difíciles de conseguir en aquellos tiempos, y de cabeza a los escenarios: el Auditórium, donde ganaron un primer premio, multitud de certámenes de folk en Cantabria y otras regiones, y actuaciones en televisión.
Colibrí, que precedió en el ámbito del folklore a grupos como Luétiga y Atlántica, se mantuvo en activo casi 15 años.
Paréntesis y disco
Las ocupaciones profesionales de cada uno y el cambio de residencia de Julio y Rodolfo del conjunto impidió la continuidad en los escenarios desde finales del año 1989, cuando el género folklórico latinoamericano ya había iniciado su declive de popularidad, pero el paréntesis musical no deterioró la profunda amistad de los cuatro miembros del grupo. Volvieron a reunirse en el 96 para conmemorar el vigésimo aniversario de Colibrí con la grabación del disco compacto 'Llanura Nazca', que toma el nombre de la región del Perú donde se aloja una misteriosa cultura prehispánica.
Fue un disco muy de 'laboratorio'. Ahora el reto es mayor: volver a subirse al escenario y estar a la altura de su prestigio musical.La idea surgió en las Navidades pasadas cuando se propusieron conmemorar el 30 aniversario con una serie de conciertos en verano.
Un espectáculo potente
Desde entonces han ensayado en días libres y fines de semana y ahora en agosto, los cuatro de vacaciones, han intensificado el trabajo en la cuerda, el viento y la percusión para preparar un repertorio con dos docenas de temas, una hora y cuarto de actuación que veremos en Orejo, Torrelavega, Camargo, Santander y Güemes durante los próximos días. «Estamos sudando la gota gorda en los ensayos pero vamos a ofrecer un espectáculo muy potente», promete Colibrí.

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TERRA MITICA

miércoles, agosto 09, 2006

domingo, julio 23, 2006

ARTÍCULO EN EL DIARIO MONTAÑES 22-06-2006

La Compañía de Jesús en la villa de Santander

En el año 1568, el levantamiento de los moriscos de las Alpujarras requirió la movilización de los tercios. Juan de Austria se situó al frente de aquella dura campaña que costó la vida a aquel que lo había criado: Luis de Quijada. Antiguo mayordomo del emperador Carlos V, Quijada estableció en su testamento que su esposa, Magdalena de Ulloa (1525-1598), hiciera dentro de sus tierras en Villagarcía de Campos fundación del lugar en el que sería enterrado. Después de desistir de ingresar en las Huelgas Reales de Valladolid, la viuda se entregó a una intensa actividad de patronato, asistencia social y obras pías, administrando una fortuna que, en la fecha de su muerte, se cifraba en 455.000 ducados. La Compañía de Jesús fue principal beneficiaria de la liberalidad de Magdalena de Ulloa, asesorada por su hermano fray Domingo de Ulloa, Hernando de Villafañe y el confesor jesuita Baltasar Álvarez, a la hora de decidir su primera gran fundación docente en Villagarcía de Campos. Además de este establecimiento, promovió los colegios de San Matías en Oviedo (1574) y la Anunciata en Santander, cuya carta fundacional se fecha en septiembre de 1594.
El corazón de la villa
El colegio de la Compañía de Jesús de Santander fue construido a lo largo del siglo XVII, extendiéndose las obras hasta principios del XVIII. Durante casi cuatrocientos años este complejo, el palacio de Riva Herrera y la Casa Consistorial conformaron la Plaza de la Llana: el viejo corazón de Santander. La agitada historia de la fundación corre paralela a la de la propia orden y a los avatares de la villa. Así, cuando el rey Carlos III procedió a «expulsar de todos mis dominios de España e Islas Filipinas y demás adyacentes a los Regulares de la Compañía», en las jornadas del 1 y el 2 de abril de 1767, la iglesia se transformó en parroquia (en el diccionario de Madoz de principios del XIX, las dependencias colegiales constan como 'palacio episcopal').
La iglesia actual
Ya en el siglo XX el recinto sufriría otras agresiones. En 1936, durante la alcaldía de Ernesto del Castillo Bordenabe, fue derribada la nave del evangelio para ensanchar la calle de Santa Clara. Cinco años después, el centro de la ciudad fue engullido por el fuego y la iglesia sólo conservó sus muros. El demoledor proyecto de reconstrucción sólo respetó a este templo y a la catedral, destinadas a configurar la llamada Vía Espiritual. Tras los desmontes que se acometieron entonces, la fachada principal quedó aislada del paso de los peatones, elevada sobre un zócalo que alojaba varios espacios comerciales.La iglesia superviviente es una construcción de una nave de tres tramos con capillas laterales y el crucero cubierto por una cúpula. Presenta el acceso por un arco de medio punto, enmarcado por pilastras dobles que sostienen entablamento y frontón partido, con una hornacina que albergaba una imagen de Ignacio de Loyola. En el segundo piso se abre una ventana flanqueada por dos escudos del primer marqués de Villapuente de la Peña. Sus trazas revelan la influencia del clasicismo vallisoletano y se han atribuido tanto a Alonso de Tolosa como a Juan de Nates. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1992.

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